Somos una comunidad de 16 mesas y redes de apoyo distribuidas en Medellín y sus corregimientos, unidas por el propósito de fortalecer, visibilizar y dignificar el cuidado. Explora nuestras iniciativas, conoce los Premios Abrazo 2025 y descubre cómo puedes sumarte a esta gran red que sostiene la vida con empatía y compromiso.
El envejecimiento no es sinónimo de pérdida de control. Nuevas investigaciones y marcos conceptuales demuestran que la autonomía —la capacidad de tomar decisiones según los propios valores— puede mantenerse incluso cuando la independencia física disminuye.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y estudios publicados en revistas como Frontiers revelan que factores como la colaboración con propósito, la variedad cognitiva y la planificación anticipada son clave para un envejecimiento pleno. En este escenario, los cuidadores, tanto formales como informales, emergen como facilitadores esenciales de una vejez digna.
Durante décadas, el envejecimiento se ha asociado culturalmente a un declive irreversible. Sin embargo, voces expertas y evidencias científicas están replanteando esta visión.
La primera gran revelación es la distinción crucial entre autonomía e independencia. Mientras la independencia se refiere a la capacidad funcional para realizar actividades sin ayuda, la autonomía es el poder de decidir cómo, cuándo y con quién se llevan a cabo esas actividades.
El sociólogo Edgar Morin lo resume así: “Se puede ser autónomo y dependiente al mismo tiempo”. Esto significa que una persona puede necesitar asistencia para ducharse, por ejemplo, pero seguir decidiendo la hora, el producto y la persona que prefiere para hacerlo. Aquí, el cuidador no es un sustituto de la voluntad, sino un puente que permite ejercerla.
La soledad, otro flagelo asociado a la vejez, tampoco se combate simplemente “con compañía”. Estudios citados en Frontiers muestran que la Terapia de Estimulación Cognitiva colaborativa (C-CST), que utiliza diversas actividades estructuradas para estimular diversas capacidades mentales como la memoria, la atención y el lenguaje, es una ayuda eficaz para mantener o mejorar el funcionamiento cognitivo y reducir el aislamiento social.aEste enfoque sitúa a la persona mayor como contribuyente activo, no como mero receptor de cuidados. Los cuidadores pueden fomentar este tipo de dinámicas, promoviendo espacios donde la persona mayor sienta que su participación es valiosa.
Además, el estudio ACTIVE del National Institute on Aging confirma que entrenar habilidades como el razonamiento o la velocidad de procesamiento ofrece beneficios hasta diez años después. Los cuidadores pueden incluir en la rutina actividades diversas —desde aprender un idioma hasta debatir temas actuales— que desafíen la mente de manera integral.
La planificación anticipada —con herramientas como la designación de apoyos (Ley 1996 de 2023) para ciertas actividades a través de un poder notarial y las directivas anticipadas (dejar instrucciones precisas, ojalá por escrito, en el que expresas tus deseos y preferencias sobre los tratamientos que deseas o rechazas, y hasta donde quieres que éstos lleguen para mantenerte vivo — son actos de autonomía que los cuidadores pueden promover. Lejos de ser un gesto pesimista, permite que la voz de la persona prevalezca en situaciones de crisis, alivia la carga familiar y garantiza que sus valores rijan su cuidado.
Finalmente, el “envejecimiento activo” definido por la OMS va más allá del individuo: es una responsabilidad social. Requiere entornos accesibles, apoyos económicos, servicios sanitarios adecuados y, sobre todo, el reconocimiento y soporte a los cuidadores. Su labor, a menudo desgastante, es indispensable para que la autonomía sea una realidad cotidiana. Sin su bienestar, el sistema se resquebraja.
La vejez no es un destino prefijado, sino una construcción colectiva. Reconocer que autonomía e independencia no son lo mismo, que la colaboración da propósito, que el cerebro necesita diversidad, que planificar es empoderarse y que el envejecimiento activo nos incumbe a todos, cambia radicalmente el panorama.
Para cuidadores y familias, esto implica una oportunidad: ser aliados en la preservación de la dignidad, facilitando no solo cuidados, sino también oportunidades para decidir, contribuir y florecer. La pregunta ya no es cómo sobrellevar la dependencia, sino cómo construir, desde hoy, comunidades donde cada etapa de la vida se viva con voz propia
La carga invisible que muchos conocen.
El cuidado, esencial para sostener la vida y la dignidad humana, ha sido históricamente asumida por las familias y, de manera desproporcionada, por las mujeres. En promedio, ellas dedican ocho horas diarias a un trabajo no remunerado que sostiene silenciosamente la economía del país.
Durante décadas, el cuidado fue naturalizado como una responsabilidad privada, ajena a la obligación del Estado. Sin embargo, este paradigma comenzó a resquebrajarse. Las decisiones recientes de la Corte están redefiniendo el cuidado como un derecho fundamental, exigible al sistema de salud y a las instituciones públicas.
Claves para comprender este giro histórico que promete aliviar una carga largamente invisibilizada.
La Sentencia T-319 de 2025 de la Corte Constitucional reconoce el cuidado como un derecho fundamental. Esto implica que ya no se trata de una carga moral impuesta a la familia, sino una garantía que puede exigirse al Estado, particularmente a través de las Entidades Promotoras de Salud (EPS).
El caso que dio origen a esta sentencia es revelador. “Lucía”, una mujer de 100 años con 18 enfermedades requería apoyo permanente para realizar actividades básicas. Tras decisiones judiciales contradictorias, la Corte ordenó a su EPS suministrar un cuidador durante 12 horas diarias.
El mensaje fue claro: cuando la familia no tiene la capacidad real de asumir el cuidado —como ocurrió con los hijos de Lucía, todos mayores de 70 años y con problemas de salud—, la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en ella.
La Sentencia T-319 de 2025 no solo reconoce el derecho, también fija las reglas para hacerlo efectivo. La EPS debe garantizar un cuidador domiciliario cuando se cumplan dos condiciones fundamentales:
Necesidad médica real, sustentada en la historia clínica de a persona o en una orden del médico tratante, que demuestre una dependencia severa para actividades básicas como alimentarse, bañarse o movilizarse.
Incapacidad familiar para asumir el cuidado, por razones justificadas como edad avanzada de la persona cuidadora, enfermedades, responsabilidades laborales ineludibles o limitaciones económicas.
La necesidad puede ser ordenada por el médico tratante o definida a través de una valoración integral ordenada por un juez de tutela. Es importante diferenciar el rol del cuidador, que apoya actividades de la vida diaria, del auxiliar de enfermería, que realiza procedimientos clínicos. Este derecho no se limita a personas mayores: cobija también a personas con discapacidad, enfermedades crónicas o dependencia funcional comprobada.
De forma paralela, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su Opinión Consultiva 31, reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo, ampliando su alcance. Uno de sus aportes más innovadores es la inclusión del autocuidado como dimensión esencial del derecho.
Esto implica que los Estados deben garantizar tiempo, recursos y servicios de salud —incluida la salud sexual y reproductiva— para que las personas puedan cuidar de su propio bienestar físico y emocional. Este enfoque conecta el cuidado con la dignidad y la autonomía personal, y eleva experiencias locales como los “círculos del cuidado de Medellín” a estándares de derechos humanos.
Estas decisiones tienen una profunda dimensión de género. En Colombia, cerca de 3,3 millones de personas se dedican al cuidado, y el 70 % son mujeres sin remuneración.
Las sentencias cuestionan la idea del cuidado como un rol “natural” femenino y refuerzan el principio de corresponsabilidad entre Estado, sociedad, familias y EPS. Como señala la investigadora Johanna Gómez, no se trata de trasladar la carga de un actor a otro, sino de distribuirla de manera justa y estructural.
Pese a su alcance, la materialización del derecho al cuidado enfrenta retos importantes. Entre ellos los financieros y estructurales, pues el sistema de salud no fue diseñado para cubrir cuidados de largo plazo y carece de una red suficiente de cuidadores formales.
Riesgos políticos, ya que la Corte Constitucional exhortó al Congreso a formular una política integral de cuidado, y los regulatorios, relacionados con la necesidad de profesionalizar el trabajo de cuidado, garantizando formación, condiciones laborales dignas y salarios justos.
Las decisiones de la Corte Constitucional y la Corte IDH marcan un antes y un después. Al reconocer el cuidado como un derecho fundamental y humano, se sientan las bases para una sociedad más justa, que valora a quienes cuidan y protege a quienes necesitan ser cuidados.
El desafío ahora es claro: convertir esta promesa legal en una realidad cotidiana.
Para entender la depresión oculta, imagina a una persona que intenta mantener un barco a flote durante una tormenta: por fuera, el barco parece avanzar (la "cara feliz"), pero por dentro la tripulación está exhausta, el motor falla y el agua se filtra por grietas invisibles. La lucha es interna, agotadora y, para los demás, completamente imperceptible.
En este artículo, exploraremos algunas de las señales más inesperadas de esta condición, aquellas que van más allá de las lágrimas y que nos invitan a mirar con más atención, tanto a los demás como a nosotros mismos.
1. El Perfeccionismo como Mecanismo de Defensa
Lejos de ser un simple rasgo de ambición, el perfeccionismo extremo puede ser una máscara que oculta una profunda vulnerabilidad. Para una persona con depresión oculta, el perfeccionismo no nace del deseo de superación, sino del miedo a no ser suficiente. Se rige por la creencia de que:
...los demás sólo te amarán y te aceptarán si eres perfecto.
Este síntoma es especialmente engañoso porque se confunde con la ambición. En realidad, es un intento desesperado por controlar la percepción externa para proteger un frágil sentido de la autoestima. No se trata solo de ser querido; es un escudo contra la creencia interna de ser fundamentalmente defectuoso.
2. Cuando la Tristeza se Disfraza de Enojo
Contrario al estereotipo de la persona apática y retraída, muchos individuos con depresión encubierta no muestran tristeza, sino irritabilidad y enfado. Este cambio de humor puede manifestarse como una mecha corta, frustración constante o una ira que puede ser "desbordada o reprimida".
Este enojo no es un defecto de carácter; es, a menudo, el lenguaje que encuentra el dolor cuando no tiene otra vía de escape. Es la frustración y la desesperanza convertidas en una energía externa, porque la vulnerabilidad de la tristeza se siente demasiado peligrosa para ser mostrada. Es una señal crucial que se suele atribuir erróneamente al estrés o al "mal carácter".
3. El Cuerpo Grita lo que la Mente Calla
La depresión no es solo una condición mental; tiene un profundo impacto en el cuerpo. Muchas veces, los primeros signos de alerta no son emocionales, sino físicos. Dolores inexplicables que no responden a tratamientos convencionales pueden ser la forma en que el cuerpo somatiza el malestar psicológico. Algunos de los más comunes incluyen dolor de espalda, condiciones de dolor crónico, problemas digestivos y jaquecas (migrañas).
4. La "Depresión Sonriente": Mantener las Apariencias
Quizás una de las formas más peligrosas y difíciles de detectar es la "depresión sonriente". Se refiere a personas que, de cara al exterior, parecen funcionales, alegres y exitosas. Ponen una "cara feliz" en el trabajo, con amigos y en situaciones sociales, ocultando su verdadero estado emocional.
Sin embargo, mantener esta máscara requiere una cantidad inmensa de energía. Cuando la persona está sola, la fachada suele caer, revelando signos de tristeza, desesperanza o soledad. Es una forma de depresión especialmente peligrosa porque el contraste entre la apariencia externa y el sufrimiento interno hace muy difícil que amigos y familiares se den cuenta de que algo va mal y ofrezcan su ayuda.
5. Ver el mundo "demasiado claro": El realismo depresivo
Sorprendentemente, la depresión no siempre distorsiona la realidad. Existe un fenómeno conocido como "realismo depresivo", donde las personas con depresión pueden tener una visión más precisa y menos optimista de los eventos y del control que realmente tienen sobre ellos.
Mientras la mayoría de las personas tienden a tener un ligero sesgo optimista, quienes experimentan realismo depresivo ven el mundo sin ese filtro. Lo insidioso de este síntoma es que se disfraza de sabiduría o "brutal honestidad". Debido a que se siente como una revelación lúcida en lugar de un síntoma, la persona puede no reconocerlo como parte de un estado depresivo, lo que dificulta la búsqueda de ayuda.
6. Conductas de Escape para Anestesiar el Dolor
Cuando el malestar emocional se vuelve insoportable, algunas personas recurren a conductas adictivas para sobrellevar sus sentimientos de tristeza, soledad o desesperanza. Estas no deben verse como fallos morales, sino como intentos desesperados de anestesiar el dolor o encontrar un "poco de placer" temporal. Algunos ejemplos incluyen uso de alcohol o drogas, compras excesivas, apuestas, entre otras.
Estos comportamientos actúan como una distracción momentánea, pero a largo plazo solo agravan el problema subyacente y añaden nuevas capas de dificultad a la recuperación.
¿Qué Hacer Ahora?
Reconocer que la depresión tiene muchas caras es el primer paso para poder combatirla. Si alguna de estas señales te resulta familiar, ya sea en ti mismo o en alguien cercano, el paso más importante es romper el silencio. La lucha interna no tiene por qué ser una batalla solitaria.
Por ello, la acción más valiente y fundamental es romper el silencio y buscar apoyo. El simple acto de hablar puede ser increíblemente poderoso. Considera discutirlo con un amigo, familiar o un profesional de la salud mental. La ayuda está disponible, y reconocer la necesidad de buscarla es un acto de gran fortaleza.
¿Estamos realmente prestando atención a las señales que nos envían nuestros seres queridos, o a las que nuestro propio cuerpo nos está gritando?
El Teatro Comfama se vistió de gratitud y reconocimiento con la celebración de los Premios Abrazo 2025, un evento que exaltó la labor silenciosa, amorosa y transformadora de las personas cuidadoras, así como el trabajo de organizaciones e instituciones que integran el ecosistema del cuidado en Medellín. 👉 (Ver artículo)
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El SENA en cabeza de la coordinadora del area de Certificación, Consuelo Díaz, en alianza con la Red Metropolitana de Personas Cuidadoras y las lideresas de las mesas de cuidadoras, han implementado una estrategia para acercar la certificación de competencias laborales de las personas cuidadoras directamente a los territorios.